En el norte de Irak, cerca de la frontera con Irán, los drones se han convertido en una realidad cotidiana. Esto no es solo noticia, sino parte de un juego geopolítico más grande. Los países evitan el enfrentamiento directo y, en su lugar, utilizan milicias aliadas y aeronaves no tripuladas. Los ataques contra los intereses estadounidenses y las instalaciones petroleras ocurren casi a diario, creando una tensión constante en la región. Los habitantes del Kurdistán continúan con sus vidas, pero cada nueva explosión es un recordatorio de que el conflicto podría escalar en cualquier momento, con consecuencias económicas globales.